sábado, 31 de marzo de 2012


Diecisiete años de vida. Soy joven aún. Muchas cosas por aprender, y muchas cosas aprendidas. Entre esas cosas aprendidas, algo que quise titular “Malvinas y yo”.

Yo no tenía un concepto diferente que los demás sobre lo que pasó en las islas. No me sentía indiferente, como que no caía en la realidad. Siempre tuve el “fantasma” de Malvinas cerca, no se me ocurrió otro adjetivo que ese, sabiendo que una persona MUY CERCANA a mí de parentesco es un ex combatiente. Durante todo el tiempo que lo tuve cerca, nunca tuvimos una conversación cercana, nunca escuche la historia desde su boca. Supongo que era porque yo me cerraba a preguntarle (eso que soy muy curioso), me cerraba a querer mencionarle aunque sea la palabra Malvinas. No sabía si lo iba a poner mal (algo muy seguro) o me iba a contar cosas como si fuera una historia palpada en una novela bélica.

Recién en inicios de abril de 2008 pude escuchar la historia desde la voz de esa persona a la que nunca me animé a preguntarle, la voz que siempre escuchaba en las fiestas familiares o detrás de un teléfono o en cada visita, me contaba por primera vez esa porción de su vida y de su historia, una historia que vivieron otros miles de argentinos.

Yo me limitaba a preguntar, mientras escuchaba atónito su relato, como si fuera la primera vez que escuchaba la historia de Malvinas, como si el fuera un profesor enseñándole a sus alumnos, todos los conocimientos que tenía sobre la emprendida a las islas se me hubiesen borrado completamente y aprender de nuevo. Durante casi una hora me relató constantemente, sin pausas entre el medio, una parte de todo lo que vivió el.

Quiero aclarar que esto fue en marco de una entrevista radial, cuando ya había pasado el día del Caído y Combatiente de Malvinas. Peniel Villarreal (rafaelino) había visitado el estudio, y con mi tío ese día iba a ser mediante una charla telefónica, porque yo ya vivía en Rafaela y no me esperaba su sorpresiva visita desde Córdoba. Pero allá fue, como regalo de mi cumpleaños, y repito: escuchar su voz contando lo que vivió era como aprender algo nuevo, todo en mi cabeza estaba nulo.

Y luego de eso me preguntaba constantemente, ¿era necesario que existiera una guerra? ¿Hacía falta? Bueno, preguntas que todos se hacen a la vez. Como que aún las nuevas generaciones (si es que algunos se hacen esa pregunta) no entienden porque todo terminó así, y en la escuela escuchamos siempre la misma historia, y mucha gente conoce en carne propia y puertas adentro lo que realmente pasaba.

La contradicción de haber escuchado y leído que te vendían la falsa realidad de la rendición inglesa y el triunfo argentino, que mentían, que todo ERA MENTIRA. La guerra terminó el 10 de junio, y muchos llegaron a sus casas uno, dos o hasta cuatro meses después a sus casas. Una demora que seguramente a más de una familia le generó angustias interminables, pesadas, insoportables.

Hoy, 30 años después, cambiaron las épocas, pasaron muchas cosas… pero el recuerdo sigue vivo, sigue constante, sin morir, sin borrarse, y con las épocas no cambió nada en la memoria ajetreada por duros recuerdos de aquellos días de guerra, combate y supervivencia.




      Gastón Areco Bravo





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