Diecisiete años de vida. Soy
joven aún. Muchas cosas por aprender, y muchas cosas aprendidas. Entre esas
cosas aprendidas, algo que quise titular “Malvinas y yo”.
Yo no tenía un concepto
diferente que los demás sobre lo que pasó en las islas. No me sentía
indiferente, como que no caía en la realidad. Siempre tuve el “fantasma” de
Malvinas cerca, no se me ocurrió otro adjetivo que ese, sabiendo que una
persona MUY CERCANA a mí de parentesco es un ex combatiente. Durante todo el
tiempo que lo tuve cerca, nunca tuvimos una conversación cercana, nunca escuche
la historia desde su boca. Supongo que era porque yo me cerraba a preguntarle
(eso que soy muy curioso), me cerraba a querer mencionarle aunque sea la
palabra Malvinas. No sabía si lo iba a poner mal (algo muy seguro) o me iba a
contar cosas como si fuera una historia palpada en una novela bélica.
Recién en inicios de abril
de 2008 pude escuchar la historia desde la voz de esa persona a la que nunca me
animé a preguntarle, la voz que siempre escuchaba en las fiestas familiares o
detrás de un teléfono o en cada visita, me contaba por primera vez esa porción
de su vida y de su historia, una historia que vivieron otros miles de
argentinos.
Yo me limitaba a preguntar,
mientras escuchaba atónito su relato, como si fuera la primera vez que
escuchaba la historia de Malvinas, como si el fuera un profesor enseñándole a
sus alumnos, todos los conocimientos que tenía sobre la emprendida a las islas
se me hubiesen borrado completamente y aprender de nuevo. Durante casi una hora
me relató constantemente, sin pausas entre el medio, una parte de todo lo que
vivió el.
Quiero aclarar que esto fue
en marco de una entrevista radial, cuando ya había pasado el día del Caído y
Combatiente de Malvinas. Peniel Villarreal (rafaelino) había visitado el
estudio, y con mi tío ese día iba a ser mediante una charla telefónica, porque
yo ya vivía en Rafaela y no me esperaba su sorpresiva visita desde Córdoba.
Pero allá fue, como regalo de mi cumpleaños, y repito: escuchar su voz contando
lo que vivió era como aprender algo nuevo, todo en mi cabeza estaba nulo.
Y luego de eso me preguntaba
constantemente, ¿era necesario que existiera una guerra? ¿Hacía falta? Bueno,
preguntas que todos se hacen a la vez. Como que aún las nuevas generaciones (si
es que algunos se hacen esa pregunta) no entienden porque todo terminó así, y
en la escuela escuchamos siempre la misma historia, y mucha gente conoce en
carne propia y puertas adentro lo que realmente pasaba.
La contradicción de haber
escuchado y leído que te vendían la falsa realidad de la rendición inglesa y el
triunfo argentino, que mentían, que todo ERA MENTIRA. La guerra terminó el 10
de junio, y muchos llegaron a sus casas uno, dos o hasta cuatro meses después a
sus casas. Una demora que seguramente a más de una familia le generó angustias
interminables, pesadas, insoportables.
Hoy, 30 años después,
cambiaron las épocas, pasaron muchas cosas… pero el recuerdo sigue vivo, sigue
constante, sin morir, sin borrarse, y con las épocas no cambió nada en la
memoria ajetreada por duros recuerdos de aquellos días de guerra, combate y
supervivencia.
Gastón Areco Bravo
Gastón Areco Bravo
No hay comentarios:
Publicar un comentario